Mi corazón estaba preocupado de sentirse inútil, solo,
abandonado. Ya estaba demasiado cansado de llorar. Era suficiente. El mundo
empuja al abismo. Pero es que llega un momento en el que hay que ganarle al
mundo. Esas energías liquidas que surgen después de un mal momento, esas,
son las que ayudan a entender que cuando
estás perdido en el absurdo laberinto de lo inexplicable, hay que salir a
buscar respuestas cósmicas.
Cuando el cuerpo se vuelve solo el instrumento que habita mi
alma, es entonces cuando entiendo que mis venas son calles. Y se justo que
calles recorrer, para llegar al atrapasueños de mi cabeza rota. Y en esa torre
de información, hay una ventana sucia, a la que tocan las chispillas brillantes
del mismo sol, de la misma luna. Las chispillas de esperanzas quietas, que esta
noche decidieron probar su suerte, una vez más.
Pienso que hace mucho tiempo me canse de bombillos falsos y
de las promesas que no son más que polvo. Por eso yo, me fume mis
preocupaciones, estallé mis oídos, tome el jugo del cielo, colorido, fugaz,
feliz. –Music On, World Off-
Alcé mis manos lo
alto, y con el ritmo de mis emociones, bailé. Moví el coraje de mi valentía hasta
que mi sangre se convirtió sangre neón, mientras la cuchilla acariciaba mi piel
y las luces no dejaban de besar las paredes, las rosas no eran rosas, eran
cerezos naciendo, y los faroles no eran faroles, eran pájaros aprendiendo a
nadar. Despegaron sus plumas, y se dedicaron a volar. Ya no existía la tristeza,
ya no existía la angustia. Habían nacido, para ser aviones. Aviones violeta,
aviones verdes, aviones turquesa.

El cielo se tiño de plateado, mientras los arboles escupían fuegos
artificiales. Y de mi pecho, salió mi corazón, hinchado, cansado, con ganas de
ser un pedacillo de lluvia celestial. Le obsequié una sonrisilla a las balas que venían en mi dirección, y corrí,
corrí sin parar porque yo me había convertido en un fluorescente
neón.
De mi
piel, ya no salía rojo. Salía adrenalina lumínica. Sonora. Intermitente.
Se escuchaba de ella, alaridos de libertad. “carpe diem,
carpe diem” EL QUE NO HACE PALMAS ES UN GATO!
Y aprendiste a despedirte del mundo. Aprendiste a conectar
tus sentidos y tus neuronas con el universo. Y las cosas dejaron de ser como
son. Y todas las estrellas se volvieron canciones. Y mis ojos proyectaban
recuerdos malditos, muertos, listos para ser cremados, irradiaban tanta luz,
que las calles de mi cuerpo explotaron, yo ahora formaba parte de la galaxia. Los
cuerpos se convirtieron en humo, y el alma era luz infinita. Le pedí perdón a
los que no viajaban conmigo esta noche, porque yo ya no regresaría igual.
Me preguntaba cómo era posible que mis dedos aun sintieran
la felicidad. La felicidad estaba en mi lengua. Siempre estuvo ahí, esperando
dormida. Pero ahora, ahora el boom boom de las notas retorcían sus fuerzas. Yo viajaba,
todos viajábamos. Y nuestra sangre era
neón.
De mis luces brotaban
sueños fosforescentes. Y yo ya no me esforzaba por entender la vida ni descifrar
la injusticia, ni pensar en nada. Porque yo ya no pensaba, yo solo sentía. Juntos,
como un solo rayo de juventud, le prendimos fuego a las pesadillas.
Yo ya no escribía, yo hacía música. Y cuando extendí mis
luces manos, solo vi esencia de colores. Oh vida, nací para esto.
Todo estaba revuelto, veía todo y nada. Reía sin poder
parar. Y gritaba, y cantaba. Lloraba, ¡soy libre! Hit the ligths (8). Tengo vida.
Justo para experimentar los astros en ella.
Lose control. Lose control. Lose control. Para esto nací,
para perder el control. Yo respiré vida ese día. No había nada que pudiera
detener esas energías que recorrían todo el envase de mi mente y de mi alma. Yo
formaba parte del ambiente. Yo ya era. Solo era.
Y entonces los flashes
dispararon, yo fluía a través del infinito. Fluía ligera, perfecta, era de
nuevo, una pluma neón, tal como siempre soñé. Al infinito, y más allá.