lunes, 5 de agosto de 2013

-Retrato.-



Hoy es de esos días en los que creo que hay algo más. En los que huele a “arepas” caseras y a café, qué placer!
Entonces corro las cortinas de mi ventana favorita y miro los rayos de sol bajando con delicadeza de lo más hermoso que tiene el planeta: el cielo. Las nubes lucen felices y me sonríen. Y yo sonrío porque hace mucho no escribo y me acaba de entrar esa picazón por hacerlo. Solo dejo que fluyan las palabras y uno que otro verso.
Respiro profundo porque hoy, justo hoy, todo flota. Todo está en paz, en calma. Me levanto de nuevo y observo el paisaje que se me presenta desde mi nueva perspectiva de la vida. Voy encontrando esas piezas que buscaba para vivir. Construyo mi felicidad con base en las memorias que de paso, también estoy construyendo. Respiro, siento mi salud abrazándome. Siento mi mente en paz… y es que como me cuesta eso.
Cierro los ojos y acaricio las canciones que mi sentido de tranquilidad me piden escuchar. Estoy consciente de lo mucho que odio al mundo, pero no me importa. Tengo claro que la vida es vida y punto. A partir de ahí, es todo lo que yo quiero que sea. Tengo claro también que como dice una mágica canción “los mejores momentos de la vida son siempre baratos”. 

Me reencuentro con la motivación y la esperanza. Cliché, sucio y positivamente asqueroso. Lo sé. Pero así me pasa a veces y como siempre, lo disfruto. Se dibuja otra vez la visión del estilo de vida que deseo llevar. “Te preocupás demasiado, Sue” me digo al espejo. Con tanta vida, tantos segundos en mis manos justo ahora… no hay más espacios para llorar ni quejarse. Mi vida es drama y el drama también tiene escenas de calma. Por lo tanto, es el momento de esas escenas y las voy a vivir con la misma intensidad que respiro cada puto segundo de mi pequeña existencia. 

No siento una fuerza tremenda, siento millones de posibilidades para experimentar mis días de diferentes maneras. El agua recorre mi cuerpo y me uno a ella. Soy agua fluyéndole a la vida. Puede que todo esto suene trillado y mañana, más tarde por la noche, sienta que todo se cae de nuevo, cada vez más profundo y fuera de mi alcance y salvación. Pero hoy es hoy, y hoy esto es lo que siento. He invertido muchísimos pensamientos buscando la perfección, el equilibrio, las respuestas y la felicidad. Pero lo que más vale es que las señales del atardecer ahora mismo me están diciendo que haga esto mi filosofía. Que crea en esto, y luego en mí.

Sé que es correcto confiar en uno mismo, pero yo me equivoco, miles de veces. Entonces, para que confiarle a una mentirosa? Por eso prefiero confiar en las ideas que surgen de mi cabeza en momentos como este, a confiar siempre en las voces que me hablan, que me torturan, que por las mañanas parecen pequeñas y necias y por las noches fantasmas.
Pero aún con esas dos caras, sigo siendo yo. La que me dice que hay más vida que solo respirar, y la que me dice que todo es una mierda. La diferencia está en lo que yo elijo escuchar. Yo prefiero creer en la que una vez creyó y tuvo la fe. La que cierra las ojos cuando un viento fuerte me empuja hacia atrás en medio de la calle, no por miedo, sino para sentir que por ese instante, vuelo. 

Prefiero la Suzanne que sonríe, sin que nadie se entere, al ver a todos sus amigos dormidos a su alrededor, después de un día mágico y que dice: “no estoy sola”. Sí, soy dramática y esos instantes son sumamente especiales para mí. La que cree en el poder de las manos para crear cosas maravillosas. La que cree que mi sangre es neón. La que cree en la capacidad de una sonrisa para empezar nuevas historias. La que cree que una decisión puede cambiar mi vida. La que cree en el poder de la amistad y el amor para cambiar al mundo. La que cree en mí, en los peores momentos. La que disfruta de esta canción sonando para hacerme ver que cada movimiento, cada jugada, vale la pena. La que cree en los intentos, la que cree que puede repararse. La que sabe que toda esta tristeza algún día se irá. Sí, esa soy yo. La que se sabe liberar de las cadenas. La que logra pensar con cabeza fría, ver todo desde lejos y llegar a esta conclusión: nada es tan malo como parece. Es la Suzanne que quiero vestir cada mañana. 

El pasado solo fue. El futuro no sabemos. Y el presente, no es ayer ni mañana. El presente no fue hace una hora. El presente es justo esto. Ya. Ese ya, ya no. Es ya. Ya. Ya. Yo creo en el poder de cada minuto, en cualquier momento lo que conozco puede dejar de ser. Somos plumas dejándose llevar. Frágiles y al mismo tiempo, capaces de todo.
Y sí, puede que todos los días luzcan iguales. Puede que mis demonios no me dejen en paz. Y? voy a vivir conmigo el resto de lo que viva. Suena lógico y estúpido, pero así es. No hay que ser muy brillante para entenderlo. Y es que hay tanto por hacer… que estoy esperando? Es como si quisiera que un día, repentinamente, la solución a mis problemas aparezca en mis ojos. Y no. La realidad es lo que yo quiero que sea.
Me desespera no saber cómo plasmar en palabras lo que siento en este momento. Son tantas ideas encontrándose. y esa manía de querer escribir “bonito” y sin repetir el mensaje. Pero, solo me estoy dejando llevar. No me importan los errores que tengan estos textos. 

Siento que estoy corriendo muy rápido, huyendo de las ideas que me dicen que no puedo lograrlo. Corro, corro muy rápido. Doblo a la derecha, tomo una curva. Corro con todas mis fuerzas hacia no sé dónde, porque cualquier lugar será mejor que donde estoy ahora. Y entiendo que en vez de huir debería matar lo más débil de mí, matar esa parte que me echa abajo, que me desgarra. Enfrentarla y no ocultarla. Entonces corro y lucho. Corro siguiendo la luz que yo misma formo con mi sangre. Sigo la luz, soy la luz. Yo ilumino mi camino. Lo estoy reparando. Estoy fumando todo lo que me agobia. Me cansé de cansarme. 

De verdad lo que he venido haciendo me hace sentir bien? … Sé la respuesta. Entonces? Qué espero? Toda mi vida está en mis manos. Y es momento de pintar. Pero no más negro, no más suelo, no más lágrimas, no más excusas, no más estupidez. Bullshit. Hoy voy a pintar con luz, y veré mi vida retratada para siempre.

(Yo. En las luces de un momento infinito.)