Si, hoy es de esos días en que decís si… hoy les toca ser
feliz. Y es hora de dejar ir, dejar ir, dejar fluir.
Te contare que esta alma amarilla esta transparentada de
esperar bendiciones. Y si, le llueven todo el tiempo, pero ella no las ve. Ah,
la vida. La vida, la vida. Hay que dejar ir, dejar ir, dejar fluir.
Escribo porque no hay nada más que hacer. Así que te he de contar
que tengo sueños anotados en una servilleta de papel, y en ella esta guardada
la inocencia que corta mi piel. Entonces me preguntás porque están ensangrentados
mis ojos, y es que no entendés que así se ponen ellos después de ver la
felicidad salir de muy, muy adentro de mí. Te contare también que es espesa, y
el color depende.
Claro, es que las
mariposas deciden nacer solo en primavera. Oh, no me dejés volar tan alto como
para dejar de verte. Jamás me cansare de buscar pedazos de vida por cada rincón
de su cabello. Si supieras lo que habita en mi corazón, me juzgarías menos.
Te contare, querido rato, que la suerte les acompaña a las
sombras que se encuentran cerca de mi habitación, que mi garganta arde de
cantar melancolías, y que si algún día llegara el momento en el que vos te irías,
si, de este sueño volátil que crees estar soñando pero estas viviendo.
Ah lala lala, lalala (8) … Valentine, vamos a soñar. Tranquila almohada
sin plumas, tranquila. Que podemos dormir sin arrullar mis penas, diamantes de
paredes muertas. Cállate, que ahí viene, ahí viene. Por eso, hay que dejar ir,
dejar ir, dejar fluir.
Se te dibuja el dolor por toda la silueta de tus labios. No
entendés que vos tanto como yo, estamos hechos pedazos. Pero llegará el
momento, llegará el momento.

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