martes, 29 de mayo de 2012

-Dejar ir, dejar fluir-


Si, hoy es de esos días en que decís si… hoy les toca ser feliz. Y es hora de dejar ir, dejar ir, dejar fluir.

Te contare que esta alma amarilla esta transparentada de esperar bendiciones. Y si, le llueven todo el tiempo, pero ella no las ve. Ah, la vida. La vida, la vida. Hay que dejar ir, dejar ir, dejar fluir.

Escribo porque no hay nada más que hacer. Así que te he de contar que tengo sueños anotados en una servilleta de papel, y en ella esta guardada la inocencia que corta mi piel. Entonces me preguntás porque están ensangrentados mis ojos, y es que no entendés que así se ponen ellos después de ver la felicidad salir de muy, muy adentro de mí. Te contare también que es espesa, y el color depende.

 Claro, es que las mariposas deciden nacer solo en primavera. Oh, no me dejés volar tan alto como para dejar de verte. Jamás me cansare de buscar pedazos de vida por cada rincón de su cabello. Si supieras lo que habita en mi corazón, me juzgarías menos.

Te contare, querido rato, que la suerte les acompaña a las sombras que se encuentran cerca de mi habitación, que mi garganta arde de cantar melancolías, y que si algún día llegara el momento en el que vos te irías, si, de este sueño volátil que crees estar soñando pero estas viviendo.

Ah lala lala, lalala (8) … Valentine, vamos a soñar. Tranquila almohada sin plumas, tranquila. Que podemos dormir sin arrullar mis penas, diamantes de paredes muertas. Cállate, que ahí viene, ahí viene. Por eso, hay que dejar ir, dejar ir, dejar fluir.

Se te dibuja el dolor por toda la silueta de tus labios. No entendés que vos tanto como yo, estamos hechos pedazos. Pero llegará el momento, llegará el momento.

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